Salud mental en una nueva realidad: cómo protegerla


El cambio que vivió el mundo llegó para quedarse ¿Qué ha pasado con nuestras emociones y nuestro pensamiento durante la pandemia?


Compartimos una reflexión proveniente de nuestra Escuela de Terapia Ocupacional sobre la salud mental en la pandemia:

Sin duda, el virus lejano que sólo vislumbrábamos a través de las noticias provenientes de oriente y con el cual nos dábamos libertades de bromear, desestimar o especular teorías conspirativas, aterrizó para ser un huésped permanente, si revisamos en retrospectiva, entenderemos que han sido más de 500 días desde el primer reporte positivo de Covid-19 que según el Ministerio de Salud se dio el 06 de marzo del 2020 en una paciente de 19 años.[1]

Durante este tiempo, nuestra relación con el medio, las personas y con nosotros mismos, se alteraron peculiarmente, y es que tanto tiempo con los más cercanos y con nosotros mismos, no precisamente han representado la utopía de la unión familiar y el fortalecimiento del autoconcepto.

Ante esta situación, muchos de nosotros  -emocionalmente hablando- hemos experimentado cambios abruptos en autogestión y/o regulación de nuestras emociones, el miedo, la incertidumbre, la irritabilidad e incluso la tristeza, han creado un coctel de discordias y debilitamiento del yo, que sin duda han sido el combustible perfecto para poner a andar condiciones tan complejas como la abulia, la ahedonia y la desesperanza constante.

Y es que, a cuántos de nosotros nos han abordado interrogantes como “no quiero estar encerrado”, “amo a mi familia pero necesito tiempo fuera”, “creí que tener a los niños y a mi pareja todo el tiempo en casa sería motivo de felicidad, pero ahora sólo discutimos y no toleramos ni el zumbido desproporcionado de una mosca”, quizás también nos han abordado premisas como “creo que estoy durmiendo demasiado, regresar a la rutina y madrugar de nuevo me costará” “tengo que hacer, tengo que entregar, tengo que cumplir con… pero puedo hacerlo después”.

Tanto tiempo sin estructuración de hábitos, rutinas y bajo la inferencia de afirmaciones como “estoy en casa y puedo relajarme”, han creado un cerco de procrastinación y sobre carga laboral, que deriva en jornadas extensas de trabajo, pobre higiene del sueño y pausas ininterrumpidas entre atender la casa, la familia, las redes sociales, la televisión, etc. Suficiente panorama para sentirnos bajo estrés, fuera del engranaje de nuestro funcionamiento cotidiano.

Sin duda las cifras avalan que el periodo de confinamiento, y aún la “nueva normalidad” han sido el catalizador perfecto para encender las alarmas en cuanto a procesos de atención en salud mental, no solo en el territorio colombiano sino a nivel mundial, y es que históricamente los grandes cambios, pandemias y confinamientos han traído consigo un mar de afecciones psíquicas en las dinámicas humanas.

La aparición de estrés postraumático da cuenta de que los efectos de las cuarentenas pueden ser visibles en el corto, mediano y largo plazo. Por ejemplo, en países como Afganistán, tras la caída del gobierno talibán en 2001, la salud mental fue declarada cuestión sanitaria de carácter prioritario e incluida en el conjunto básico de servicios de salud del país.

Está también el caso de Japón, donde luego del terremoto en 2011, la población sufrió secuelas psicológicas de largo plazo. Una investigación de BMC Psychiatry (2015)[2] encontró que algunas zonas de Japón tuvieron prevalencia de estrés postraumático por el evento del terremoto en el 6.6% de la población y en otras llegó al 15.9%.

Un estudio de la OMS en 2013 reveló que la carga de enfermedades mentales en las poblaciones afectadas por conflictos y emergencias es muy elevada: el 22% de las personas que han vivido en una zona afectada por un conflicto durante 10 años previos sufre depresión, ansiedad, trastorno por estrés postraumático, trastorno bipolar o esquizofrenia. Según este estudio, la prevalencia puntual (es decir, la proporción de personas que presenta una enfermedad en un momento dado) de las formas leves de depresión, ansiedad y trastorno por estrés postraumático en las zonas afectadas por conflictos es del 13%, y la de las formas moderadas es del 4%.

En cuanto a los trastornos graves (esquizofrenia, trastorno bipolar y los casos graves de depresión, ansiedad y trastorno por estrés postraumático), alcanza el 5%. El COVID-19 ha generado afectaciones a la salud mental en todo el mundo. En Ecuador más de 82.000 personas han recibido atención psicológica durante la emergencia sanitaria por parte del gobierno nacional. En España, según un estudio de la Universidad Abierta de Cataluña, se estima que la crisis del COVID-19 ha afectado la salud mental hasta en un 46% de la población.

En México, la Asociación Psiquiátrica Mexicana estimó que entre 45% y 50% de las personas en aislamiento podrían desarrollar el síndrome de cuarentena (reacciones emocionales en respuesta al estado de aislamiento), presentando síntomas como agotamiento físico y mental, menor rendimiento, desmotivación y cambios en el estado de ánimo.

Según cifras de la Asociación Psiquiátrica de América Latina a corte junio de 2019, entre el 50% y el 70% de la población no tiene acceso a servicios de salud mental en la región. Además, reveló que aproximadamente un 35% de la población tenía indicadores de estrés marcado como consecuencia de la pandemia.

Una vez las medidas de confinamiento se vayan flexibilizando, es posible que se presenten cifras más altas de depresión, aumento en la tasa de suicidio y trastornos de ansiedad, como estrés postraumático y trastorno de ansiedad generalizada. Por tanto, el manejo de la salud mental debe considerarse una medida prioritaria durante el desarrollo de la pandemia y una vez esta haya sido superada.

Contextualizados de esta forma, es factible concebir la fragilidad y sensibilidad humana a la que estamos ligados como raza, y de allí es oportuno visibilizar la realidad por la que atravesamos, el vacío que nos inunda, ese vacío que se hace indescriptible aún bajo el hecho tangible de no hallarnos ni encontrar sentido en este transformado día a día, en el que la vestimenta es cosa de peinado y camisa, en contraste con nuestros miembros inferiores que se regocijan en pijama y pantuflas.

Durante el periodo de confinamiento y en relación con la premisa anterior, cabe también enfatizar que no hemos sido los mejores ejemplos en el impacto de la conducta para los más pequeños, puesto que el tema de la virtualidad ha representado un gran reto en la reestructuración de los hábitos y las rutinas, sin dejar a un lado la constante dificultad por mantener periodos atencionales sostenidos, y una gran déficit para medir la adquisición de los aprendizajes impartidos durante las sesiones.

Pero ¿Cómo pedirle a los más pequeños que inicien su día, se bañen, desayunen, porten su uniforme y puedan prepararse para la clase, permanezcan atentos durante toda la sesión y no abran otras páginas o manipulen juguetes sobre el escritorio? cómo hacerlo, si lo que visualizan en los adultos son conductas como despertar poco antes de iniciar la reunión, vestirse parcialmente, desayunar mientras se está en reunión, seguir ejecutando labores de la casa mientras está en curso la reunión y manipular o atender constantemente al celular.

Y es que no sólo a los niños les cuesta rendir en sus actividades virtuales; tanto ellos como los adultos, estamos inmersos en una mar de estímulos dentro del contexto del hogar que normalmente, nos son ajenos bajo los parámetros alienadores del ente educativo o el trabajo mismo, de tal manera que se hace vital crear estrategias férreas de modificación adecuada de conductas que a su vez favorezcan el modelamiento asertivo por parte de los niños.

Nuestra realidad Covid seguirá siendo tan cotidiana que se mimetizará por completo en nuestro acontecer cotidiano, y es por ello que debemos ser buen ejemplo, debemos estructurar hábitos y rutinas que mitiguen el impacto del trabajo y la educación en casa, debemos crear espacios de esparcimiento, calidad de interacción y deleite, es vital también contemplar levantar la mano ante cualquier alteración y/o experimentación de síntomas propios de un cuadro psíquico o emocional de impacto en nuestra salud mental, garantizando así el bienestar, el buen vivir y el arraigo a la vida.

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Recomendaciones para encontrar un equilibrio emocional

Bienvenida con tus retos, tus incomprensiones y malestares, aquí estamos para adaptarnos, aprender y progresar como ya lo hemos conseguido antes.

Para mantener el equilibrio emocional es necesario adoptar una serie de hábitos que te permitan estar conectado contigo mismo. Cultívate, ponte límites y di no cuando lo consideres necesario, para resguardar tu salud emocional. Dedícate 15 minutos diarios y realiza actividades que recarguen tu energía.

Ten en cuenta estos consejos que podrás aplicar en tu vida diaria:

  • Reserva tiempo para actividades como leer, bailar, cantar, pintar o disfrutar una bebida caliente; estas ayudarán a disfrutar del resto de tus áreas vitales.
  • Dedica tiempo para aquellas personas importantes para ti. Te ayudará a tener un equilibrio socioemocional, renovar tu actitud, creatividad y a ser más productivo en tus labores.
  • Para preservar tu salud emocional es importante aprende a poner límites a las expectativas propias.
  • Busca apoyo en familiares y amigos para resolver problemas. ¡No te aísles, no estás solo!
  • ¿Quieres ser él o la protagonista de tu vida? aduéñate de tu tiempo y decide en qué quieres emplearlo.
  • El ejercicio regular y la dieta equilibrada van a influir positivamente en tu estado anímico y tu nivel de energía.
  • Realizar ejercicios a través de la respiración, el yoga o el mindfulness pueden oxigenar tu cuerpo y proporcionar un mayor bienestar.
  • Encuentra algo gratificante y siéntelo con el corazón. Además, la actitud con la que afrontas la vida va a determinar tu equilibrio emocional.
  • Por complicado que parezca a veces, debes practicar la compasión hacia ti mismo en lugar de ser tan exigente.

Realizar estas actividades en tu vida diaria no se hará de la noche a la mañana, sin embargo, intenta hacerlas una o dos por semana y aumenta su recurrencia. Seguro con el tiempo verás el cambio en tus hábitos y notarás la diferencia en tu energía.

Si deseas trabajar en tus emociones y aprender a potencializarlas de forma positiva en tus labores diarias, nuestro nuevo taller “Gestiona la ansiedad y mejora tu salud mental y física”, será una gran herramienta para que logres conseguir ese equilibrio emocional que buscas. Si deseas mayor información inscríbete aquí o escríbenos al correo admisiones@ecr.edu.co


 

Referencias

[1] Tomado de: https://www.minsalud.gov.co/Paginas/Colombia-confirma-su-primer-caso-de-COVID-19.aspx

[2]https://www.veeduriadistrital.gov.co/sites/default/files/files/Publicaciones%202020/QuehapasadoconlasaludmentaldurantelapandemiaporCOVID-19enBogota.pdf

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